Tengo diez mandamientos. Los nueve primeros son que no te aburrirás.



 Cuando en 1994 Fernando Trueba le dedicó su Oscar Billy Wilder ya era leyenda, entonces viva, de la historia del cine.
 Hace unos días habría cumplido 110 años, este documental nos acerca la figura del rey de la comedia en época dorada de Hollywood, combinó como nadie lo había hecho el romanticismo y la elegancia con un discurso social cínico y punzante.
 Seis veces premiado por la academia dejó para la historia del cine y disfrute de los aficionados al séptimo arte títulos que ya son de culto como: Perdición (1944), El crepúsculo de los dioses (1950), Sabrina (1954), La tentación vive arriba (1955), Testigo de cargo (1957), Con faldas y a lo loco (1959), El apartamento (1960), Irma la dulce (1963), Un, dos, tres (1961), ¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre? (1972), Primera plana (1974) o Fedora (1978).
 En la década de los ochenta deja de rodar películas, entonces triunfaba el New Hollywood y Wilder no se sentía parte de la narrativa moderna. Para entonces dejaba 26 títulos, cualquiera de ellos constituye una lección de dirección y especialmente de guión, para él, lo más importante. Siempre se consideró escritor por encima de todo.
 "Cuanto más sutil y elegantemente escondas los puntos claves de la trama, mejor serás como escritor".
 Murió en 2002, a los 95 años, sin perder el sentido del humor ni siquiera en su lápida: "Soy escritor, pero nadie es perfecto"

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