Hace ochenta años puso nombre a las chaquetas de punto.



Hitchcock debutaba en Estados Unidos con una frase que no se olvida: "Anoche soñé que volvía a Manderley" con ella comienza un cuento de terror gótico filmado en blanco y  negro en una de las mansiones míticas del cine, un imponente edificio repleto de secretos y presencias fantasmales.
 "Rebeca" que cumple ochenta años, se estrenó en 1940, supuso la entrada de Hitchcock por la puerta grande en Hollywood al ganar dos premios Oscar: mejor película y mejor fotografía (George Barnes), partía con once nominaciones y se medía con pelis como: "Las uvas de la ira" y "Hombres intrépidos" de John Ford; "El gran dictador" de Charles Chaplin; "Historias de Filadelfia" de George Cuckor o "La carta" de William Wyler. David O. Selznick, el productor, disfrutó del momento más dulce de su carrera, acababa de ganar otro Oscar  por "Lo que el viento se llevó" y una joven Joan Fontaine, entonces apenas conocida, se vió lanzada al estrellato.
 Hitch preparó un presupuesto de 974.000 dólares y cuarenta y ocho días de rodaje, Selznick lo recortó hasta los 750.000 dólares y treinta y seís días de rodaje especiálmente escasos para un director recién llegado de Europa y no acostumbrado al ritmo de rodaje americano. En España se estrenó en 1942 y supuso la inclusión por parte de la RAE del término "Rebeca" con el significado: "Chaqueta femenina de punto, sin cuello, abrochada por delante, y cuyo primer botón está, por  lo general, a la altura de la garganta" debido al éxito de las chaquetas de punto que Joan Fontaine usaba en la película que se pusieron inmediatamente de moda y comenzaron a ser conocidas como "rebecas".
 "Rebeca" es un clásico del cine que aguanta maravillosamente bien el paso del tiempo, en ella Hitchcock adapta la novela homónima de Daphne de Maurier, publicada en 1938, dotándola de un aire de misterio desde la primera imagen de la peli con esa verja que se abre silenciosa dejándonos entrar en un jardín frondoso bajo la luz de luna a la que sigue la imponente silueta del caserón, una imagen tan nostálgica como terrorífica, es entonces cuando escuchamos: "Anoche soñé que volvía a Manderley".
 La trama nos cuenta como un acaudalado aristócrata inglés, Maxim de Winter,  y en  en Montecarlo a una joven humilde, dama de compañía de una señora americana. La pareja se enamora y en pocos días pasa por el altar para luego irse a vivir a Inglaterra, a la mansión de Manderley, donde la nueva esposa percibe, desde el primer momento, que la mansión está impregnada de la enigmática presencia de la difunta mujer de su marido.
 La película incide en la influencia sobrenatural de los muertos sobre los vivos, de la mujer fallecida sobre las personas que habitan en Manderley. Un personaje que nunca aparece en forma física, si no es a través de su retrato, se convierte en protagonista casi absoluto de la historia.
 La producción de Rebeca fue complicada debido al afán de control de Selznick acostumbrado a manejar hasta el último detalle de sus películas. Su obsesión por seguir a rajatabla el diseño de producción chocó con el fuerte carácter de Hitch, acostumbrado a tener el control absoluto de todos sus anteriores trabajos en Inglaterra, que no permitía que nadie recortara su libertad creativa.. Gracias a su conocimiento de la profesión y a una inteligente mano izquierda, en gran parte manejada por su mujer Alma Reville, logró sortear las intromisiones de Selznick.
 Ochenta años después "Rebeca"sigue siendo una película que te deja pegado a la pantalla, que funciona como un reloj.
 Si te quedas con ganas de más recientemente la editorial Notorius Ediciones ha publicado el libro "Rebeca. El libro del ochenta aniversario".
 Netflix amenaza con un remake dirigido por Ben Wheatley con Lily James, Armie Hammer Y Kristin Scott Thomas. ¿En serio?. Pero que necesidad hay de hacer tonterías.

Dirección: Alfred Hitchcock
Productora: Selznick International Pictures
Productor: David O. Selznick
Fotografía: George Barnes
Guión: Robert E. Sherwood
Basada en la novela "Rebeca" de Daphne de Maurier
Música: Franz Waxman
Sonido: Jack Noyer
Montaje: Hal C. Kern

Oscar a la mejor película y mejor fotografía en blanco y negro

Laurence Olivier, Joan Fontaine, George Sanders, Judith Anderson, Nigel Bruce.

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